De vez en cuando, se deja emborrachar por imágenes viejas que caen como accidentes de un naufragio viejo.
Entonces... cuando ya nada se resuelve, cuando la basura le llega al cuello y cada instante le lacera sus sienes, rompe con sus contornos y se arrastra por toda la tierra hasta enardecer su piel.
Luego, y como una bendición siempre esperada, se deja caer hasta quedarse dormida. Total, sabe que la espera otro día, y después otro, y más tarde otro.
Nunca termina de arrepentirse de la maléfica noche en que cambió ese secreto por la vida eterna.
Por más que intenta infinidad de veces romper el trueque, Él no la volvió a escuchar.
Y tres siglos más tarde, lejos del desastre nuclear y los accidentes ambientales, sola en todo el universo, sólo le resta escuchar música lejana y esperar que se haga la nueva jornada.
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